lunes, 28 de noviembre de 2016

Disección en plena convulsión: el Gobierno de Liberato Rojas en análisis.





El 1910, a puertas del centenario de la Independencia del Paraguay, el ambiente político se mostraba poco propicio para una convivencia segura, cuando el orden público era amenazado por quienes en teoría, deberían propiciarlo. En este marco, Luis María Duarte, autor de “Política y Diplomacia durante el gobierno de Liberato Rojas” (Intercontinental 2016), nos legó un libro que condensa las prácticas políticas más oportunas y la única diplomacia posible en medio del caos.

Trazos de una política desdibujada

En otro libro de reciente edición, “La travesía liberal del desierto”, la referencia sobre la actuación del Partido Liberal durante el gobierno de Alfredo Stroessner, se explica al decir que La historia del liberalismo en la segunda mitad del siglo XX es una compleja amalgama de actos heroicos de resistencia y de reiteradas traiciones.[1]
 
Esta sentencia resulta fácilmente aplicable al Partido Liberal también a partir de 1904. Desde el Pacto de Pilcomayo que sitúa por primera vez a un empresario como Presidente de la República, cuyo soporte político lo destituye después de un año de ejercicio, la dinámica intra e inter partidaria además de la infiltración militar en política, marcaron el ritmo de la agitada vida política del Paraguay. A partir de entonces, las dos facciones: cívicos y radicales, protagonizaron uno de los periodos más convulsionados de nuestra historia, en un ida y vuelta de levantamientos armados contra los gobiernos de turno.

Encontramos entonces un periodo sustancioso para el análisis histórico, poco explorado por la historiografía hasta ahora, que nos encontramos con la retrospectiva de Luis María con énfasis en la gestión de Liberato Rojas, un gobernante circunstancial con variable sostén político y dos frentes bélicos levantados en su contra en un ambiente de conspiración permanente.

Y aún en este contexto podemos preguntarnos ¿Qué motivó al autor para la elección de este tema? ¿Por qué Luis María prefirió analizar un gobierno liberal?

Pero este planteamiento es simplista y limitante, y si nos circunscribimos solo a esto, podemos cercenar el alcance de la investigación del autor y perdernos en lo anecdótico. Tratando de interpretar algo más, nos situamos en la perspectiva del autor para desentrañar su visión original.

El primer trabajo de investigación de Luis María trata sobre la misión de José Irala como embajador plenipotenciario del Paraguay ante Austria Hungría, Alemania, Países Bajos, Italia y Suiza[2]

Para el año 1903, esta misión representa un avance histórico de la diplomacia paraguaya, una nueva proyección de las relaciones internacionales ante los países de Europa Central. Sin embargo esta apertura diplomática que debió integrar una política de Estado, fue cortada abruptamente a partir del régimen Liberal iniciado en 1904. 

Esa representación no tuvo designación hasta 1910. Y entonces, el cargo fue utilizado como método de elegante alejamiento de líderes sectarios que representaban una amenaza para los gobiernos (Manuel Gondra quiso enviar a Albino Jara y luego éste envió a Carlos Goiburú). Aquí encontramos una equiparación de las misiones diplomáticas con los exilios políticos, los llamados “exilios dorados”. He aquí, el fenómeno, una función política del Estado a nivel internacional, tan relevante, utilizada como método de supervivencia del gobierno o como moneda de cambio entre sectores políticos. Hasta podría decirse que se trata de una práctica común en nuestros días.

En este contexto, cabe preguntarse dónde estaba el Partido Colorado durante todo este periodo. Como cualquier otra agrupación política, se encontraba latente al acecho del poder. Si bien a partir de 1904 varios dirigentes colorados fueron exiliados, otros quedaron a colaborar con los gobiernos liberales. En esos años de inestabilidad, los colorados exiliados también tuvieron su oportunidad de conspirar aliándose con los referentes cívicos del momento.

Pero el protagonismo político más notable del Partido Republicano después de 1904 surge a partir de la convención de diciembre de 1910. Con el retorno de sus históricos líderes, los Grales. Bernardino Caballero y Patricio Escobar, se reorganiza la Comisión Directiva y nuevos actores de peso intelectual emergen en escena.

Aquí encontramos el principio activo de toda actividad política: la lucha por el poder y el afán de conservarlo. La oportunidad para que el Partido Colorado ocupe mayor espacio surgió a partir de la anarquía propiciada por las fuerzas gondristas y jaristas alzadas en armas en Ñeembucú e Itapúa respectivamente.

De esta manera, el liderazgo de Bernardino Caballero alcanza su última capacidad operativa, pues fallece en febrero de 1912 por causas naturales. En este apartado del libro, el relato sencillo y directo sin ampulosas descripciones, lejos de la hagiografía, deja percibir el ambiente de admiración y respeto de parte de todos los sectores hacia la figura de Caballero. Luis María relata que el apoyo oficial del Partido Colorado al gobierno de Liberato Rojas se concreta el día que Caballero había llegado a Asunción, y así también, la acción de situar en la Presidencia de la República a un colorado es tomada por la dirigencia el mismo día de su muerte. Asume entonces Pedro P. Peña, único paréntesis de gobierno de la Asociación Nacional Rrepublicana en las casi 4 décadas de régimen liberal.


La inestabilidad se refleja en el exterior
 
Las relaciones internacionales fueron objeto de cuidado para Don Liberato. Sin embargo, los hechos impusieron sus efectos sobre cualquier intento de agenda diplomática, lo cual se refleja en la sucesión de cuatro Ministros de Relaciones Exteriores en casi siete meses de gobierno.

En julio de 1911 fue designado Canciller el Dr. Teodosio González, quien ante la controversia de límites con Bolivia dispuso una comisión al Chaco para una inspección “in situ” ante una posible ocupación boliviana. Durante esta gestión se realizó el último intento de solución de la controversia chaqueña mediante la negociación, antes de recurrirse a la vía jurídica para luego desembocar en la guerra, que de alguna manera fue anunciada por González. Las fuertes desavenencias con el Ministro del Interior Alejandro Audibert respecto al asunto con Bolivia, motivaron su renuncia.

La Cancillería vacante fue aprovechada por Rojas al momento de intentar un acercamiento con el sector cívico liberal, designando como Ministro a Carlos L. Isasi, líder de esa facción. Desde entonces se proyecta un nuevo entendimiento con el gobierno de la República Argentina, orientado a una normalización de las relaciones, ya que se consideraba que este país prestaba apoyo logístico a los rebeldes gondristas en contra de Rojas. Sin embargo, en diciembre de 1911, Isasi renuncia como consecuencia de la ruptura del pacto entre el Gobierno y el Partido Liberal Democrático.

Antolín Irala asume entonces el Ministerio de Relaciones Exteriores durante cuarenta días. En este breve lapso, Irala dejó testimonio de su política de ampliar las representaciones diplomáticas en el extranjero, al presentar un proyecto de ley que separaba la Legación paraguaya en el Plata, creando así dos representaciones: en Buenos Aires y en Montevideo. Pero la situación con Argentina tendió a empeorar hasta la ruptura de las relaciones y la posterior renuncia de Irala, luego del intercambio de varias notas con fuertes acusaciones mutuas.

Finalmente, con la designación del Dr. Federico Codas como Ministro en enero de 1912 y la actuación de Eduardo López Moreira y Fulgencio R. Moreno, se restablecieron las relaciones diplomáticas con Argentina.

La gentileza intelectual de Luis María nos dejó una segunda obra póstuma, la disección de un periodo poco explorado que nos presenta a sus actores, caudillos y secuaces al decir de Bertrand Russell: hombres imperiosos y serviles, todo lo cual hoy en el presente debe ser instrumento útil para de alguna forma, tratar de dignificar la labor del político como hombre público, pero con el riguroso y total apego a las instituciones democráticas.
Hermes Ramos



[1] Boccia Paz, Alfredo. La travesía liberal del desierto. Los partidos liberales durante el gobierno de Stroessner. Servilibro. Asunción, 2016. Pág. 18.
[2] José Irala. Política y Diplomacia paraguaya a principios del siglo XX. Intercontinental. Asunción, 2014.

jueves, 30 de octubre de 2014

Un lugar en la Historiografía paraguaya.






Cuando en marzo de 1870 el Paraguay se desdoblaba rechazando su exterminio y encarando su reconstrucción, el pequeño José cumplía 7 años. Doce años después integraba la primera promoción de egresados del Colegio Nacional de la Capital, con jóvenes promesas como Cecilio Báez y José de la Cruz Ayala. Así iniciaba su trayecto académico quien luego de ocupar varias funciones públicas, fue designado ministro plenipotenciario en representación de nuestro país por la recientemente creada legación paraguaya ante Austria-Hungría, Alemania, Italia, Países Bajos y Suiza.

En “José Irala. Política y diplomacia paraguaya a inicios del siglo XX”, Luis María Duarte centra la mirada en un periodo poco examinado en la historiografía paraguaya, justo antes de la revolución de 1904, relatando que el Ministerio de Relaciones Exteriores fijaba sus bases institucionales con una Ley de Organización del Servicio Diplomático en el Exterior desde agosto del año 1903. En ese entonces el Paraguay se hallaba representado oficialmente en diecisiete países de Sudamérica, Norteamérica y Europa y se proponía una nueva proyección con la creación de la Legación del Paraguay ante los Estados de Europa Central.

La ciencia, como sistema selectivo de orientaciones cognitivas para interpretar la realidad, al decir de Talcott Parsons, encuentra en la Historia una fuente legítima para las necesarias miradas de reconocimiento que toda sociedad necesita. En este sentido, a partir de la investigación histórica en torno a la figura de Irala, se narra el contexto de la política y diplomacia paraguayas heredadas de la postguerra del 70, con suficiente ejercicio crítico para replantear cuestiones en nuestra actualidad.

Cada capítulo del libro se ocupa de diferentes cuestiones, pero en consonancia con la estructura fijada por el autor, resaltando finalmente el protagonista y sus acciones, las instituciones por las que pasó, las relaciones político partidarias, los medios de prensa de la época, entre otras. Al respecto, merece especial atención el capítulo III, que a partir de documentos oficiales, constituye el primer trazado ordenado sobre el desarrollo de las relaciones diplomáticas entre el Paraguay y distintos países de Europa.

Por otro lado, en el libro son fácilmente apreciable los destellos del novecentismo paraguayo. Considerando que Irala pertenece a la generación anterior, debe reconocerse los pasos silenciosos de este actor en aquel fenómeno, habiendo sido docente del Colegio Nacional y la Universidad Nacional de Asunción y siendo hoy rescatado del anonimato.

Este mojón, que Luís María clavó antes de partir, es una referencia elocuente de la visión política que le nutría. La relevancia del aporte de este autor fija un momento especial para la historiografía nacional, pues desde ahora cuenta con una herramienta más para examinar nuestras instituciones hoy. Desde la originalidad de esta investigación, resalta un encuadre con dos visiones sobre la política exterior paraguaya: la conservadora o reactiva y la progresista o proyectista. Son éstas las ideas signadas por los nombres de José y Luis, quienes venciendo al tiempo y la distancia, hoy constituyen una orientación cargada de optimismo para el desarrollo de nuestra sociedad.

Hermes Ramos



domingo, 5 de octubre de 2014

Las ubres de la aldea

Atravesando la mitad del segundo decenio del siglo XXI, parece evidenciarse aún más el ánimo uniformador de las tendencias comerciales en cualquier sociedad. Los grandes centros comerciales de Asunción siguen la misma estética y funcionalidad de cualquier shopping, mall o leisure centre de los Estados Unidos. Hay quienes van con frecuencia al shopping, con o sin ánimo de compraventa. Quienes no, tienen la posibilidad de hacerlo cuando tengan una necesidad real. No hay dudas de la consolidación de esta estructura comercial en nuestras ciudades.

En la semana que pasó, un artículo en la prensa virtual informaba de una denuncia por “prohibición de amamantar en público” en el Shopping del Sol. Más allá de los hechos y de las manifestaciones que los protagonistas difundieron, se trata de una situación ideal para el debate en la red. Entre la indignación y los reclamos se tejieron todo tipo de discursos con efectos en cadena, una verdadera comidilla para internautas. Por cierto, lo que quisiera destacar brevemente es eso, el soporte de la noticia y su repercusión.

La información disponible en la red no aclara si existe un reglamento específico sobre el amamantamiento en el local comercial. Tampoco podemos saber quién fue el empleado del shopping que intervino, las instrucciones que recibió y qué ocurrió con él. Pero nada de eso en realidad importa, si la intención es instalar el eco de un hecho capaz de avivar la capacidad de entendimiento del ciudadano común. Es entonces cuando en este escenario los medios periodísticos hacen figurar sus marcas y el internauta acciona y reacciona con no poco alardeo.

La capacidad de los medios en influir en la sociedad es innegable. La aldea global hoy ha desarrollado un sistema digestivo en dinámico funcionamiento, donde los componentes son conscientes de que en la comunidad virtual se vence distancias al elevar la voz, ganando un espacio en la red, aunque sea el más mínimo, pero lo suficiente para vencer el anonimato. La visión de Marshall Mc Luhan hoy se muestra coherente, más aún en un rincón de Sudamérica donde la mentalidad provincial sigue permeando los hábitos de sus habitantes.

Hermes Ramos


miércoles, 16 de enero de 2013

El acceso a la información como instrumento democrático.




            El Derecho como ciencia en evolución, debe tener la capacidad real de reconocer nuevas situaciones sociales de manera a regularlas efectivamente, en provecho del bienestar general de los pueblos. En el segundo decenio del Siglo XXI, los procesos democráticos en América Latina se hallan en constante desarrollo, siendo objeto de revisiones permanentes por parte de las autoridades políticas, el sector público y el privado a nivel nacional e internacional, los medios de comunicación y la sociedad civil en general.

            En la actualidad, el acceso a la información pública constituye un resultado de la evolución de los Derechos Humanos, que tuvo notable desarrollo en el ámbito internacional, pero con cierto rezago en ciertos países como en el caso de Paraguay. Si bien las leyes son el instrumento idóneo para garantizar el acceso a la información, se resalta a la jurisprudencia como un camino válido para el reconocimiento de este derecho en los estrados judiciales. Sin embargo la consolidación no se logrará sin la acción de la ciudadanía, principal sujeto de este derecho, que ejerciéndolo de manera responsable fortalecerá su cultura democrática.

            En el ámbito administrativo, el acceso a la información se presenta como un requisito elemental para lograr un manejo de los recursos públicos eficiente y transparente. Para lograr esto debe partirse de la premisa que expresa que toda la información que se encuentra en posesión de un Estado, tiene carácter público y en consecuencia debe ser accesible a toda persona de manera sencilla y directa.

            Con el eventual desarrollo de este derecho, los gobiernos tienen la posibilidad de solventar los regímenes democráticos demostrando a su población su capacidad de administración transparentando su gestión, con el efecto final de revertir el descreimiento en las instituciones y la desconfianza en la clase política.

El acceso a la información entre los Derechos Humanos.
            

La normativa internacional forma la plataforma jurídica que eleva al derecho de acceso a la información a la categoría de Derecho Humano. A continuación se transcribe las normas que así lo disponen.

La Convención Americana sobre Derechos Humanos, Pacto de San José de Costa Rica, en la parte pertinente de su artículo 13 dispone: Libertad de Pensamiento y de Expresión 1. Toda persona tiene derecho a la libertad de pensamiento y de expresión. Este derecho comprende la libertad de buscar, recibir y difundir informaciones e ideas de toda índole, sin consideración de fronteras, ya sea oralmente, por escrito o en forma impresa o artística, o por cualquier otro procedimiento de su elección. (…)

El artículo IV de la Declaración Americana de los Derechos y Deberes del Hombre: Toda persona tiene derecho a la libertad de investigación, de opinión y de expresión y difusión del pensamiento por cualquier medio.

Además se resalta el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos que en el numeral 2 de su artículo 19 garantiza la libertad de buscar, recibir y difundir informaciones, con exacta redacción al del Pacto de San José.

A partir de los artículos trascriptos la República del Paraguay posee los preceptos jurídicos argumentales para iniciar el camino hacia la consolidación del derecho de acceso a la información. Estas normas internacionales, a su vez, se insertan en el marco legal de su Constitución Nacional, posibilitando su invocación según su artículo 141 que dice: Los tratados internacionales válidamente celebrados, aprobados por ley del Congreso, y cuyos instrumentos de ratificación fueran canjeados o depositados, forman parte del ordenamiento legal interno con la jerarquía que determina el artículo 137. Éste último citado establece el orden de prelación de leyes. Cabe señalar también el artículo 143: De las relaciones internacionales. La República del Paraguay, en sus relaciones internacionales, acepta el derecho internacional y se ajusta a los siguientes principios: (…) 5) la protección internacional de los derechos humanos.

De manera a reasegurar el cumplimiento de los tratados internacionales en que Paraguay es signatario, y siendo éstos aprobados por ley de la Nación, cabe recordar la Convención de Viena sobre el Derecho de los Tratados, que en sus artículos 26 y 27 obliga el cumplimiento de buena fe de los tratados vigentes, además de indicar que el derecho interno de un país no será invocado para el incumplimiento de un tratado. El Paraguay ratificó esta Convención por Ley Nº 289/71.

Partiendo de lo transcripto, y atendiendo al artículo 33 del Pacto de José de Costa Rica, cabe el reconocimiento de las actuaciones de la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) respecto a procesos sustanciados en su seno. La jurisprudencia como fuente del Derecho, encuentra aquí su trascendencia con sus consecuentes efectos jurídicos en los Estados parte.

El proceso judicial paradigmático sobre el acceso a la información lo encontramos en el caso “Claude Reyes y otros Vs. Chile”, consistente en la acción del director de una fundación para solicitar al gobierno chileno, los datos sobre una millonaria inversión extranjera en su país. Luego de que el gobierno negó parte de la información requerida, se recurrió a la CIDH, que falló a favor del peticionante, de cuya sentencia se transcribe lo siguiente: (…) la Corte estima que el artículo 13 de la Convención, al estipular expresamente los derechos a “buscar” y a “recibir informaciones”, protege el derecho que tiene toda persona a solicitar el acceso a la información bajo el control del Estado, con las salvedades permitidas bajo el régimen de restricciones de la Convención. Consecuentemente, dicho artículo ampara el derecho de las personas a recibir dicha información y la obligación positiva del Estado de suministrarla, de forma tal que la persona pueda tener acceso a conocer esa información o reciba una respuesta fundamentada cuando por algún motivo permitido por la Convención el Estado pueda limitar el acceso a la misma para el caso concreto. Dicha información debe ser entregada sin necesidad de acreditar un interés directo para su obtención o una afectación personal, salvo en los casos en que se aplique una legítima restricción.  Su entrega a una persona puede permitir a su vez que ésta circule en la sociedad de manera que pueda conocerla, acceder a ella y valorarla. De esta forma, el derecho a la libertad de pensamiento y de expresión contempla la protección del derecho de acceso a la información bajo el control del Estado, el cual también contiene de manera clara las dos dimensiones, individual y social, del derecho a la libertad de pensamiento y de expresión, las cuales deben ser garantizadas por el Estado de forma simultánea.

Este caso amerita un análisis profundo que excede los límites del presente artículo. Sin embargo se resalta la interpretación del artículo 13 del Pacto de San José de Costa Rica consagrando el derecho de acceso a la información con ciertas restricciones, las cuales deben ser establecidas con fuerza de ley. El caso Claude Reyes adquirió la importancia de lo que se llama un “leading case”, logrando situar al acceso a la información como un Derecho Humano a nivel jurisprudencial internacional.
           

            Acciones y normas en Paraguay.

En el Paraguay, el derecho a acceso a la información se sustenta en el artículo 28 de la Constitución Nacional que expresa: (…) Las fuentes públicas de información son libres para todos. La ley regulará las modalidades, plazos y sanciones correspondientes a las mismas, a fin de que este derecho sea efectivo. Si bien la reglamentación es una necesidad real, aún con objeciones de sectores interesados como los medios de comunicación, no puede ser impedimento para el ejercicio de los derechos, como bien lo dispone el artículo 45 de la Carta Magna: (…) La falta de ley reglamentaria no podrá ser invocada para negar ni menoscabar algún derecho o garantía. Además se cuenta con la Ley Nº 1662/01 de Información Privada, que modificada por la Ley Nº 1669 del año 2002, expone en su artículo 2º: (…) Toda persona tiene derecho a recolectar, almacenar y procesar datos personales para uso estrictamente privado. Las fuentes públicas de información son libres para todos. Toda persona tiene derecho al acceso a los datos que se encuentren asentados en los registros públicos (…).

En este contexto se desarrolló el juicio caratulado “Félix César Picco Portillo c/ Municipalidad de Lambaré s/ Amparo”, por el cual un ciudadano accionante recurrió al Recurso de Amparo para solicitar información administrativa del municipio. Luego de varias actuaciones procesales, el Tribunal de Apelación 3ra. Sala de la capital, emitió la S.D. Nº 51 del 02/05/08 que además de fallar a favor del actor, incluye expresiones como: Este derecho encuentra su justificación en el derecho más genérico, esencial a las democracias deliberativas y participativas, de formar libremente las opiniones y participar de modo responsable en los asuntos públicos; contribuye a la formación de la opinión propia y la pública, que está estrechamente ligada al pluralismo político. Se constituye así en un instrumento esencial de los asuntos que cobran interés en la vida ciudadana y colectiva, y que condiciona la participación en el manejo de “lo público”, es decir, el sistema de relaciones e interrelaciones que constituyen la trama básica de sustento de la convivencia democrática. Se percibe aquí una interpretación en consonancia con lo dispuesto por la CIDH en el caso Claude Reyes.

Sin embargo este criterio no es uniforme entre los magistrados paraguayos, considerando que en otro juicio de amparo el Tribunal de Apelaciones en lo Civil y Comercial, 5ª Sala de Asunción, dictó la S.D. Nº 78 del 16/07/08, confirmando la sentencia de primera instancia que no hizo lugar al amparo constitucional, argumentando que si el accionante, en este caso el ciudadano Vargas Téllez, accediera a información sobre empleados de la Municipalidad de San Lorenzo, se estaría menoscabando el derecho a la intimidad de los trabajadores, sosteniendo además que no se advertía qué daño le causaba al señor Vargas el hecho de no acceder a esta información.

En este avatar cabe señalar la promulgación y posterior derogación de la Ley 1.728 de Transparencia Administrativa del año 2001, además de un nuevo proyecto de ley de Transparencia Administrativa y Acceso a la Información Pública que fue retirado por su proyectista en junio de 2012. Todo esto incluye debates a nivel parlamentario y manifestaciones varias de los medios de comunicación.

Con estos hechos resulta evidente la necesidad de una ley de acceso a la información pública en el Paraguay. Esta norma debe consolidar este derecho mediante su reconocimiento expreso, además de reglamentar un proceso directo y sencillo al alcance de la ciudadanía en general, sin soslayar los casos de restricciones legítimas. Sin embargo nada de esto podrá concretarse sin el consenso de todos los sectores afectados: autoridades, medios de comunicación y ciudadanía.


            La democracia como nexo entre lo público y lo privado.
             
            El desarrollo de la democracia como régimen de gobierno, debe sustanciar la participación ciudadana más allá del mero electoralismo, dando forma a una amplia conciencia democrática que la sociedad pueda ejercitarla hasta su consolidación efectiva. El culto a la democracia en este periodo postmoderno, se acompaña de la tecnología de la información, lo cual posibilita nuevos espacios de relacionamiento donde interactúan posiciones convergentes y divergentes, en torno a cuestiones públicas y privadas.

Partiendo de las relaciones de subordinación entre gobernantes y gobernados, podemos afirmar la existencia de una sociedad con desigualdades, donde la supremacía de lo público sobre lo privado resulta inminente. Norberto Bobbio nos dice al respecto que la dicotomía clásica entre derecho privado y derecho público muestra la situación de un grupo social en el que se manifiesta ya la distinción de entre lo que pertenece al grupo en cuanto tal, a la colectividad, y lo que pertenece a los miembros, específicos, o más en general entre la sociedad global y grupos menores (como la familia), o también entre un poder central superior y los poderes periféricos inferiores que con respecto a él gozan de una autonomía relativa, cuando no dependen totalmente de él.[1] En este sentido, en el marco de la teoría política del contractualismo, se debe situar a la democracia como el nexo válido para la interacción de estas dos esferas.

En este marco, existen posiciones encontradas al invocar el principio de máxima publicidad de los actos públicos frente al derecho a la privacidad de los actos privados. Se produce entonces cierta tensión en un juego de opuestos, que debería salvarse al momento del ejercicio razonable y responsable de las prerrogativas democráticas entre lo público y lo privado.

            Ante lo brevemente expuesto, se concluye en la valoración del derecho de acceso a la información como un instrumento ciudadano para el ejercicio de la democracia. Pero este derecho no se agota en sí mismo sino que consiste en una herramienta fiel con resultados multiplicadores, que harán posible el acceso al ejercicio pleno de otros derechos como la justicia, la salud, la igualdad, educación y vivienda. Así también, la formación de la opinión pública y el poder de control social sobre los actos públicos se inscriben en este campo, en coherencia con el ideario de lo que significa un Estado Social de Derecho descentralizado, que adopte para su gobierno la democracia representativa, participativa y pluralista con el reconocimiento de la dignidad humana.




Hermes Ramos Dávalos







[1] BOBBIO, Norberto. Estado, Gobierno y Sociedad. Por una teoría general de la política. Fondo de Cultura Económica. México. D.F. 1989. Pág. 13.

domingo, 4 de noviembre de 2012

Contradicción

El mes pasado tuve la oportunidad de estar en Lima, Perú y coincidiendo con la Cumbre de Jefes de Estado y de Gobierno de América del Sur y Países Árabes (ASPA), me encontré con el Palacio de Gobierno engalanado con  las banderas de los países participantes, menos la de Paraguay.




Entonces escuché decir a una de mis compatriotas: "Mirá, no pusieron la de Paraguay, se merece por golpista..."

Cuadras después me encuentro con la siguiente inscripción:


sábado, 3 de noviembre de 2012

La prensa paraguaya y los designios de Bauman.


El inicio del tercer milenio dinamizó la palabra postmodernidad hasta dotarla de una sensación de movimiento constante. En esta larga locomotora en que los últimos e incómodos vagones son los rezagados países en vías de desarrollo, cada pasajero percibe de manera directa o indirecta los cambios culturales como el clima imprevisible que ejerce su influencia sobre nuestro viaje.

En la transición de la modernidad a la postmodernidad los comunes elementos de histórico desarrollo, como las transiciones políticas y el cambio generacional, han generado varias interrogantes sobre la función social de los intelectuales a nivel mundial. Hoy, a cincuenta años de las manifestaciones de Sartre y Camus sobre este tema, encontramos la distinción del sociólogo polaco Zygmunt Bauman, consistente en dos tipos de intelectuales: los legisladores y los intérpretes, quienes como pertenecientes respectivos a los dos periodos citados, son casi símbolos de su época. De ellos, Eduardo Fidanza nos dice: Los primeros hacen afirmaciones de autoridad que arbitran y resuelven controversias; sus dictámenes son considerados correctos y vinculantes, y se legitiman por un conocimiento superior, universalmente aceptado. Los intérpretes ejecutan, en cambio, una traducción de enunciados entre tradiciones distintas. Así, se adentran en lo diferente tratando de descifrarlo. Practican la hermenéutica antes que la autoridad. En sentido político encontramos al primer personaje inserto en un mundo duro y belicoso, con gran carga de autoritarismo, mientras que el intérprete pertenece a un época menos rigurosa y con mayor desarrollo democrático, lo que posibilita la aparición de situaciones y hasta fenómenos dignos de ser interpretados. Uno de ellos sería la tecnología y su influencia en la comunicación de las personas, que adosa complejidad a la vida del ciudadano común.

La labor de estos dos intelectuales caratulados se debate entre la teoría y la realidad, lo ideal y lo concreto, el “deber ser” y el ser verdadero, pero sin encontrar un vínculo práctico entre estos dos campos de acción. Si asumimos que un intelectual es cualquier persona con cierta formación académica que ejerce una función laboral a partir de su intelecto, podemos decir que los medios de comunicación se sustentan en ellos.

Sin embargo lo que nos dice Fidanza es que la función intelectual no acompaña el vértigo de los tiempos, y para revertir la situación sugiere que este oficio debe esforzarse por entender en lugar de dictaminar. Penetrar en lo distinto y lo nuevo en vez de invalidarlo. Estudiar, sin prejuicio, las condiciones y tendencias que despuntan. No aferrarse a las afirmaciones genéricas, si impiden el discernimiento de lo particular. Admitir las racionalidades diversas, las creencias extrañas, las ceremonias y los ritos ajenos. Es decir, se debe acompañar los cambios culturales y tener la capacidad de reconocer nuevos paradigmas.

Enfocando la cuestión en nuestra realidad cabe preguntarse: ¿es la prensa paraguaya legisladora o intérprete?.

Tomando como paradigma la prensa escrita encontramos una gran plataforma donde surgen manifestaciones de todo tipo: crónicas, editoriales, columnas de opinión, investigación y hasta páginas de humor que resaltan de manera tragicómica situaciones de la realidad nacional. A mi entender en estas modalidades periodísticas se desarrollan en paralelo las dos distinciones baumanianas, e inclusive en algunos casos se fusionan en una sola manifestación, en un solo “intelectual” que sigue una corriente ubicando sus ideas en la interpretación de costumbres y hechos sociales y las normas que las gobiernan. Esto en gran medida puede encontrar su causa en el descrédito de conocimientos y valores de aspiración universal, propio de los tiempos en que vivimos.

Por otro lado, considerando los programas televisivos sin incluir los noticieros, se reconoce un prototipo de programas de entretenimiento frívolos que se esfuerzan en interpretar los gustos y preferencias de los televidentes con el sencillo objetivo de ofrecer el producto que deseen (sin importar su calidad ni contenido) para venderlo y gobernar el ráting que propiciará un buen flujo publicitario traducible en ganancias monetarias. No existe intervención intelectual alguna en este caso, simplemente se trata de una común situación propia del paso de una economía de producción hacia una economía del consumo.

En cuanto a los noticieros no puede afirmarse que practiquen un análisis propositivo suficiente para calificarlos de intérpretes. Se limitan a comunicar hechos, informar con ánimo fanfárrico y tendencia amarillista sin mucha técnica pero con capacidad de impresionar a la teleaudiencia. Entiendo que también existen programas de entrevistas a actores públicos donde se debaten ideas y se profundizan los temas que ocupan, pero ignoro sus características en detalle como para emitir un juicio sobre ellos.

Encuentro la clasificación de Bauman sumamente válida como punto de partida para valorizar el oficio intelectual, cuestionar su vigencia y realizar una llamada de atención que permita fortalecer y sobre todo dar utilidad al vínculo entre lo ideal y lo real. Estos dos estadios deben relacionarse íntimamente para un conocimiento cabal de una sociedad encaminada a su progreso. Al final, parafraseando a Barrett, concluyo que un intelectual completo será aquel que además de la capacidad de su intelecto también tenga sentimientos.


Hermes Ramos.

miércoles, 23 de mayo de 2012


Apuntes sobre la civilización que ve don Mario.


“Es raro que haya tan pocos lectores en este mundo, pero
tantas lecturas. La gente en general no lee por propia
voluntad si son capaces de encontrar cualquier otra
cosa que los entretenga.” Samuel Johnson.

Una de las principales distinciones de la civilización de final del siglo XX tal vez sea su ánimo consumista, propiciada por una etapa de prosperidad económica que fortaleció las clases medias a nivel mundial. Se debe resaltar entonces el proceso de globalización de los años 90, que a partir de una suma de factores políticos y económicos, ha propiciado un mercado único en lo que se ha llamado una “aldea global”[1]. Este proceso es caracterizado por el hecho de que las empresas y los capitales, superando todas las fronteras y las barreras tradicionales, se trasladan allí donde más les conviene, donde las condiciones para invertir y trabajar se presentan más ventajosas y donde exista la mayor posibilidad de obtener beneficios.[2] La revolución informática y los avances tecnológicos se suman a este paisaje postmoderno, totalizando el marco económico mundial que utilizamos como punto de partida para reconocer a los ciudadanos del tercer milenio.

Todo lo nuevo influyó en el individuo así como en la sociedad. La cultura occidental encontró mayor apertura a nivel moral y el ocio hoy es sobrevalorado por la industria del entretenimiento, que utiliza la publicidad como el bisturí capcioso capaz de moldear los hábitos de consumo masivo.

Si consignamos que sólo puede consumirse lo que se produce, se tiende a consolidar la relación oferta-demanda en lo que puede llamarse el mercado de la cultura, evidenciándose además una dependencia entre las personas dedicadas a vender el “producto artesanal” y quienes elegirán consumirlo. Considerando que estos términos parecen aplicarse más bien a asuntos económicos o de mercadotecnia, tenemos la primera prueba de mercantilización de las creaciones culturales. Consideremos entonces al arte en su sentido más amplio, desde las novelas best seller hasta los ligerísimos programas televisivos que gobiernan los ránkings.

Según el adelanto del último libro de Mario Vargas Llosa, la llamada civilización del espectáculo de nuestros días se nutre de tres situaciones consagradas en occidente, en naciones asiáticas emergentes y algunas del llamado Tercer Mundo: la banalización de la cultura, la frivolidad generalizada y el periodismo irresponsable. A su vez destaca que la democratización de la cultura, con el afán de llegar al mayor número de personas posible, ha priorizado la cantidad antes que la calidad, redactando una cómoda receta para elaborar contenidos superficiales que son imitados y empeorados en cada nueva edición. Se tiene entonces una cultura nivelada que no motiva el menor análisis, una horizontalidad que tal vez sólo deje entrever algunos matices para distinguir alguna que otra disciplina o autor.

El autor peruano consigna: La literatura light, como el cine light y el arte light, da la impresión cómoda al lector, y al espectador, de ser culto, revolucionario, moderno, y de estar a la vanguardia, con el mínimo esfuerzo intelectual. De este modo, esa cultura que se pretende avanzada y rupturista, en verdad propaga el conformismo a través de sus manifestaciones peores: la complacencia y la autosatisfacción. He aquí la desvirtuación del interés cultural. Ocupar la mente con creaciones conceptuales de nula o escasa trascendencia, pero con un eficaz bálsamo de satisfacción, parece ser el paradigma actual. 

Vargas asevera que la crítica ha desaparecido dejando un vacío ocupado por la publicidad. A mi entender el oficio del crítico no dejó de existir, sino que se ha relativizado, disminuyendo su influencia notablemente pero aún con cierta posesión de la palabra en menesteres culturales (aún desde un país como el nuestro, con escaso oficio crítico, puedo manifestar esto). Harold Bloom dice que la labor del crítico consiste en explicitar lo implícito en una obra, y por esta misma razón creo pertinente la observación constante de estas personas con sólida formación sobre cada nueva aventura cultural, para darle el nombre o las estrellas que se merece al nuevo mamarracho del que todos hablan o a la sublime obra que aunque pocos entiendan, encontró un lugar digno en el mundo. Por otro lado es imposible soslayar la omnipresencia mercantilista de la publicidad. Dice: La publicidad ejerce una influencia decisiva en los gustos, la sensibilidad, la imaginación y las costumbres y de este modo la función que antes tenían, en este campo, los sistemas filosóficos, las creencias  religiosas, las ideologías y doctrinas y aquellos mentores que en Francia se conocía como los mandarines de una época, hoy la cumplen los anónimos “creativos” de las agencias publicitarias. La publicidad determina tendencias hasta el punto de hacer creer en falsas necesidades, siempre he cuestionado que si en realidad necesito adquirir un producto ¿preciso de una lumbrosa gigantografía invasiva para saberlo? Por otro lado, no creo pertinente las comillas en la palabra creativos, pues en realidad lo son. Sus creaciones serán chatas, pasajeras y superficiales, pero es otro el objetivo que tienen y no la reflexión sobre el alma humana. Es que ha nacido un nuevo oficio: el del publicista, que algún conocimiento social deberá poseer para crear la nueva imagen encaminada a vender el producto. Esto sin citar las técnicas que deben dominar, que aún dependientes totalmente de softwares informáticos, deben acercarse a la perfección mediante la destreza humana.

Una cuestión compleja e inagotable radica en la función social de los intelectuales. Vargas Llosa denuncia la ausencia de éstos en los debates públicos propiciada por la propia sociedad que los reduce, lo que hace imposible que cumplan su compromiso cívico con la sociedad. Pero este es un tema que escapa del fenómeno que da título al nuevo libro del peruano, debatible en varios contextos. Con todo, Vargas resalta las causas del empequeñecimiento y volatilización del intelectual: el descrédito en el que han caído ante su comulgación con regímenes autoritarios, la ínfima vigencia del pensamiento y el empobrecimiento de las ideas como fuerza motora en la vida cultural.


Continúa el autor enumerando las notables desvirtuaciones que caracterizan a esta civilización en ámbitos tan variados como el cine o la política, en este caso en que la imagen de un candidato a cargo público tiene mayor destaque que sus ideas o proyectos. En cuanto a la emancipación sexual, le atribuye la vulgarización del sexo que acabó con el erotismo. Tal vez la principal caracterización que puede hacerse a la civilización del espectáculo es su frivolidad, por lo cual transcribo el gráfico concepto que el autor formaliza en su texto: La frivolidad consiste en tener una tabla de valores invertida o desequilibrada en la que la forma importa más que el contenido, la apariencia más que la esencia y en la que el gesto y el desplante –la representación- hacen a veces de sentimientos e ideas. No existe el mínimo ánimo de duda para afirmar que nuestro país padece este síntoma, donde la imagen, preparada o no, es la que gobierna los sentidos desde el primer contacto visual. De esta manera, nuestros compatriotas encuentran la manera de ejercitar con regularidad el ánimo del prejuicio. 

Ante lo desarrollado hasta aquí, cabe resaltar al actor que con determinante función ha  influido en la civilización del espectáculo: el periodismo.  En otros tiempo el lector común sabía distinguir entre una prensa ecuánime y otra amarillista, hoy la frontera entre ellas se presenta borrosa. Es que las prioridades han sido trastocadas a partir del simple ánimo de los ejecutivos de los medios que desean vender más. Vargas dice: Las noticias pasan a ser importantes o secundarias sobre todo, y a veces exclusivamente, no por su significación económica, política, cultural y social como por su carácter novedoso, sorprendente, insólito, escandaloso y espectacular. Estos últimos son los caracteres que darán rentabilidad al producto y satisfacción al morbo del consumidor, por lo que se decide adoptarlo en desmedro del oficio periodístico. Y a propósito del oficio, es pertinente recordar uno de los puntos del decálogo del periodista de Camilo José Cela que dice: Decir la verdad, anteponiéndola a cualquier otra consideración y recuerde siempre que la mentira no es noticia y, aunque por tal fuese tomada, no es rentable. Ante la situación que analizamos, este mandamiento resulta anacrónico pues como nos dice Vargas Llosa, si la prensa no tiene esa información ligera, amena, superficial y entretenida, ella misma la fabrica, es decir que vende.

En el paulatino proceso de transformación de la información en elemento de diversión o entretenimiento, se abre la posibilidad de dotar de cierta legitimidad a todo aquello que en otros tiempos era considerado casquivano o vulgar, propio de una prensa marginal sin mayor interés que el de lucrar. El chisme es el fenómeno que se retroalimenta, criticado por quienes lo consumen y propalado o hasta a veces inventado en perjuicio de terceros, que comúnmente son figuras públicas. La privacidad está herida de muerte.

A grandes rasgos, se han destacado los rasgos de la cultura predominante de la llamada civilización del espectáculo, en cuanto a consumo: lo trascendental relegado ante lo histriónico ensalzado. Nuestro país, aún con su escasa o nula representación cultural ante el mundo, es objeto del mismo mal que se revela endémico y ante la situación nos resta coincidir con el autor que nos ocupa en que el panorama se presenta poco alentador. La manera de revertir el desarrollo de esta civilización sin criterios no la encontraremos en los elementos que contribuyeron a formarla sino en el hombre mismo, en el individuo y su interacción social. Y así,  mirando la historia con sus distintos periodos pareciera ser que los habitantes de este mundo siempre han sido víctimas de sus propias creaciones. Las “olas de cambio” de Toffler siguen su ritmo cíclico, desde la creación de Gutenberg hasta la revolución informática de nuestros días. A propósito, a manera de un trazo a través de los siglos, cito a Octavio Paz para fijar el mojón de la apertura al conocimiento en la humanidad: ...en realidad no fue la imprenta la liberadora sino la burguesía, que se sirvió de esta invención para romper el monopolio del saber sagrado y divulgar el pensamiento crítico. No son las técnicas sino la conjugación de hombres e instrumentos lo que cambia a una sociedad.[3] Se evidencia entonces el activo papel del hombre o su grupo social, y justamente encontramos el punto de llegada de la liberación de medios en la actualidad de nuestros días, casi como una antítesis directa, con unas recientes declaraciones del Papa Benedicto XVI: Rico de medios, pero no de otros tantos fines, el hombre de nuestro tiempo vive muchas veces condicionado por el reduccionismo y el relativismo, que conducen a perder el significado de las cosas. Casi deslumbrado por la eficacia técnica, (el hombre) relega a la irrelevancia la dimensión trascendental. Dice también que de esta manera el pensamiento se debilita y cobra terreno un empobrecimiento ético, que nubla los valores.[4] El ciudadano del tercer milenio se nos presenta ahora con nitidez: son millones y millones de cabezas consumistas que con instinto de ganado forman la muchedumbre satisfecha con poco esfuerzo. Sólo nos queda entonces seguir en reflexión, continuar la labor educacional y apelar a las excepciones que se resisten en sucumbir ante la generalidad, hasta la próxima revolución.



                                                                Hermes Ramos D.
           





[1] Aunque primariamente esta expresión ideada por Marshall McLuhan, se refería a la inmediatez de los medios de electrónicos de comunicación, hoy el término unifica el sentido de la globalización en general.

[2] SALVADORI, Massimo. Breve historia del siglo XX. Alianza editorial. Madrid. 2005. Pág. 184.

[3] Citado en BOGADO Rolón, Oscar. Las circunstancias de la raíz. Ed. del autor. Asunción. 2007. Pág. 66.

[4]http://www.abc.com.py/edicion-impresa/internacionales/lo-tecnicamente-posible-no-siempre-es-bueno-moralmente-397188.html